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Terra
La Coctelera

sin título

Historia de una conversión en una noche de lluvia de noviembre

La noche aquella…

Amenazaba llover, el cielo de repente se puso demasiado gris y yo caminando por las huecas calles del centro de la ciudad en busca de una hamburguesa que calme mis caprichos de hambre nocturno.

Previniendo el mal tiempo saqué de casa un paraguas algo roto, tengo poco tiempo para darme ese gustito y volver lo más antes posible.

La lluvia inició su inclemente proceder, casi nunca llueve así con tanta fiereza, el ambiente invitaba a presagios nocturnos de encuentros inesperados.

…Hay que refugiarse en algún lado, el paraguas no ayuda mucho, ni modo, no llegaré a tiempo a casa, llamaré para justificarme.

Noche fría y lluviosa de finales de noviembre, me nace un sentimiento inefable al recordarlo, quien lo iba a imaginar, mi vida cambiaría a partir de esta salida de hambre de pan

-una hamburguesa- eso no importa, hace poco que estoy por aquí y ya era hora que me vaya introduciendo en este mundo misterioso, por las calles de esta ciudad.

Las gruesas e incesantes gotas de agua caían inclementes, no había tiempo para más, correr en busca de un lugar donde protegerse era la mejor decisión del momento. La vieja puerta de madera de una tienda media metida fue el mejor refugio que encontré. Además, no fui el único, a mi lado habían otras tres personas que hacían lo mismo,

…de pronto sentí que algo incomodaba mis zapatos, algo que no me dejaba pisar con firmeza.

Giré la cabeza, bajé la vista, hacia el rincón de la vieja puerta,

¿Qué era ese bulto que tanto incomodaba?

De pronto inerte y mojado aparecía ante mis ojos la imagen humana más sublime y desgarradora a la vez que pude ver aquella noche, el cuerpo dormido de un muchacho, tendido sobre la fría vereda y que de pronto luchaba por una mejor posición, en cuanto se percató de la intensa lluvia, se acurrucó en si mismo…comenzó a temblar de una manera desesperante, el frío hacia de las suyas con su fragilidad, solo llevaba una polerita de cuello estirado, sin zapatos…

…sus pies sucios y malolientes no sabían donde esconderse…

…Pero el sueño podía más.

No se cuanto tiempo estuve religiosamente contemplándolo, ¿una hora?, no lo se, empecé a preocuparme, ahora cual sería mi excusa, me ganó el tiempo y sin darme cuenta me encontré solo, nadie a mi alrededor, todos se habían ido, por un momento me sentí en la más completa desolación, nuevamente viré la mirada y el muchacho que parecía soñar por el pan que no ve… ni toca decían que la lluvia y el frío, no eran sus enemigos, más bien su vida misma. Ni el gran temblor que invadía todo su cuerpo lo despertaba. Luego,

…sentí su compañía,

…ya no estaba solo.

Unos minutos después, se levantó pausadamente, con un gesto sencillo y misterioso a la vez, se quedó mirándome fijamente, en tanto su aspecto se hizo más deprimente, y, me dirigió las primeras palabras que escuché de su boca:

- Tengo frió…, iré a otro lugar.

No pude evitarlo, su trémula voz se perdía suavemente en el ligero viento que golpeaba mis húmedas pupilas.

Se me hizo un nudo en la garganta.

Seguí sus pasos, lentos y cansados,

Yo y mi viejo y medio roto paraguas, él, y sus trapos cual coraza sobre su cuerpo desabrigado, sus pies descalzos hacían sonar el agua en cada pisada que daba.

…Caminamos un poco.

¿Como te llamas? le pregunté

- Eduardo…Eduardo Jesús.

¡Que ironía de la vida!

Me quedé mudo… y repentinamente Crucé la calle esquivando los grandes charcos de agua y me dirigí a uno de los quioscos de comida, compré una hamburguesa, la más barata, regresé presuroso hacia él y se la di, me miró a los ojos, y un alegre -¡gracias!- Salió de su trémula boca, luego con sus manos sucias y maltratadas tomó el pan,

Se la quedó mirando un rato…parecía pensar en alguien…

…la partió,

…y me ofreció la mitad.

Que raro.

Luego, en el acto y a paso lento y misterioso se fue caminando, mientras lo veía desaparecer entre la penumbra de la sombría noche, al doblar la esquina, sabe Dios en que dirección.

…El corto viaje en colectivo que me llevó de vuelta a casa pareció ser tan largo, la poca lluvia que ya caía no me permitía ver con claridad hacia afuera, los vidrios del auto estaban mojados, aun así, en cada silueta de alguna persona, me parecía ver a ese muchacho… lo tenia impregnado en mi pensamiento, mis manos aún seguían agarrando el pedazo de pan que compartió conmigo, aquel muchacho…

…el de las calles mojadas

...el de la calle 25 de mayo… …el del pan compartido.

Llegué a casa, despacio y sin hacer ruido subí hacia mi cuarto, no tenía mucho sueño, no serían más de las 11 de la noche,

Pero me parecieron las horas más interminables que tuve en una noche…

…de lluvia…

…de noviembre.